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¿Como hacen los Gatos para retornar a casa?

En distancias cortas, cada pícaro tiene una excelente memoria visual, ayudada, al aproximarse a su casa, por los olores familiares. ¿Pero, cómo se las arregla un micho para tomar la dirección correcta, cuando deliberadamente lo alejan varios kilómetros de su comarca y su hogar? Primero de todo ¿eso es posible? Hace unos abriles, un zoólogo germánico tomó prestados una serie de gatos, cuyos dueños vivían en la ciudad de Kiel. Los colocó en cajas tapadas y los condujo dando muchas vueltas por la ciudad, tomando una ruta serpenteante para confundirlos todo lo posible. Luego condujo unos kilómetros fuera de la ciudad hasta un campo en el que palabra instalado un gran jaleo. Ese algazara tenía un dominio central cubierta, con veinticuatro pasajes que salgan de allí.

Mirados desde en lo alto, los pasajes se abrían como un abano, como puntos del compás, a intervalos de quince grados. Todo el maraña estaba cerrado, de guisa que la luz del sol o de las estrellas no pudiera penetrar para darles pistas de orientación a los gatos. Entonces colocó por turno a cada pícaro en el algazara y les permitió que dieran vueltas hasta designar el pasaje de salida. En un significativo número de casos, los gatos eligieron el pasaje que señalaba en dirección en dirección a sus casas.

Cuando esos descubrimientos fueron informados en una conferencia internacional, la mayoría de los que estábamos presentes fuimos muy escépticos. La prueba había sido llevada a extremidad rigurosamente, pero los resultados daban a los gatos una sensibilidad tan sorprendente para encontrar su casa, que nos resultaba muy difícil de aceptar. Sospechamos que debía de poseer algún defecto en el método de experimentación. La amor más obvia era la posibilidad de un carta en la memoria. Tal vez el pícaro pueda tomar en cuenta y hacer correcciones de todas las vueltas y curvas realizadas por la camioneta más o menos de la ciudad, de guisa que durante esa viaje pudo recalcular la dirección de su hogar.

Esa duda fue solucionada con algunas otras pruebas que se realizaron en Estados Unidos. Allí, dieron a los gatos comida con droga antiguamente del alucinación, así que hicieron el repaso profundamente dormido. Cuando llegaron, los despertaron y recién entonces comenzaron la prueba. Asombrosamente, seguían conociendo el camino a casa. Desde entonces se han hecho otros test de navegación con una variedad de animales y ahora está fuera de toda duda que muchas especies, incluida la humana, poseen una extraordinaria sensibilidad al campo hipnótico de la Tierra que les permite (y nos permite) encontrar el camino a casa sin pistas visibles. La técnica empírico decisiva fue aquella en la que se les agregó poderosos magnetos a los navegantes. Eso interrumpió su diplomacia para encontrar el camino a casa.

Todavía estamos estudiando cómo funciona exactamente ese mecanismo que les indica el camino a casa. Parecerla que las partículas de hierro, que están lógicamente en el tejido de los animales son la esencia esencial, dando a las casas individuales la formación de un circuito biológico. Pero es evidente que queda mucho por descubrir.

Por lo menos, ahora podemos aceptar las increíbles historias que nos contaron en el pasado. Con anticipación, se las consideró anécdotas muy exageradas o casos de identidad equivocada, pero ahora es necesario tratarlas con seriedad. Casos de gatos que viajaron cientos de kilómetros para regresar de una casa nueva a la antigua, tardando varias semanas, ya no son motivo de fraude.

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