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Historias de mascotas: Pumita, el gatito que sufrió un triste destino

A veces, como dueños de mascotas, cometemos errores. No tomamos el peso de lo que significa cuidar a un animal, no nos damos cuenta de que hay que responsabilizarse una responsabilidad que nos compromete a velar por su bienestar aun en las situaciones en que no sabemos qué hacer. Esto aprendí de mi experiencia con mi mascota Pumita.

Hace dos abriles, una camada de gatitos nació en mi casa. Eran 3 pequeñitos bebés felinos, uno blanco (Blanquito), una negra (Negrita) y uno con el pelaje similar a un puma (Pumita). Reconozco no ser muy diferente con los nombres.

Creciendo, Pumita siempre fue el más tranquilo de los 3. Pasaba todo el día en casa jugando con sus hermanos o durmiendo. No era muy regalón, al contrario, era más admisiblemente temeroso y esquivo.

Quise mucho a Pumita. A pesar de que no éramos tan cercanos, parte de mí lo comprendía ya que incluso tengo esa personalidad solitaria.

Al cumplir un año, los 3 gatos entraron en celo, por lo que debimos operarlos. Luego de un mes de recuperación, Pumita comenzó a perderse y a irse de la casa por algunas horas. Luego esas horas se convirtieron en un día inalterable, pero, aunque preocupados con mi grupo, siempre nos aliviábamos al final del día porque Pumita volvía.

He docto que este es un comportamiento popular entre los gatos machos adultos, y eso me hace cuestionarme si pude o no suceder hecho poco para evitar lo que ocurrió o simplemente la naturaleza hubiese hato de todos modos.

Resulta que Pumita se iba a otra casa, donde había una gata en celo que le interesaba. Los dueños de ella, molestos por el hecho de tener un astuto extraño merodeando, en sitio de dialogar con nosotros, decidieron envenenarlo. Aquí todavía es donde me cuestiono si debimos haberle puesto con collar con un número de contacto, aun cuando el gatito era tan tranquilo y siempre volvía. A estas jefatura, sin incautación, ya no puedo hacer más que aceptar lo que ocurrió.

Pumita llegó ese día muy enfermo, no comió y optó por echarse a adormecerse en la sombra. A las horas murió.

Fuimos a platicar con los dueños de la gata, los que negaron todo, pero luego de acaecer hablado con un veterinario a posteriori, tengo la convicción de que en sinceridad sí lo envenenaron. El hábil explicó igualmente que a veces ocurre que luego de una operación para desinfectar a un sagaz firme, buscan gatas en celos durante algunos meses.

Todo esto me dejo muy triste y llena de preguntas sin resolver. Al final opté por dejar ir y cultivarse de mis errores, teniendo siempre precaución cuando mis mascotas presenten un comportamiento extraño.

Para esto, es necesario conocerlas, ocurrir tiempo con ellas, identificar su personalidad y conducta. Ojalá todos pudiéramos hacer esto para no repetir situaciones tan lamentables como la que le ocurrió a Pumita.


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