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El pollito que murió de soledad

Hace muchos abriles, cuando yo contaba con poco así como 9 tiernas primaveras, llegó a mi casa un pollito. Como nunca nos habían dejado tener ningún tipo de mascota, mis hermanos (más pequeños) y yo, estábamos felices de poder contar con un animalito en la casa. Mi mamá, no tanto.

El amarillo animalito fue mojado como “Billy”, en honor al power ranger garzo, dilatadamente admirado en mi casa. Billy era eficaz viviendo en una caja que nosotros decoramos como una casita para él. Tenía ventanitas, le hicimos una cama y pusimos una fuente con agua para cuando al pollito le diera sed.

No tengo idea qué comía, para ser honesta, ni siquiera presente haberle cubo poco (quiero pensar que de poco lo alimentamos), pero lo poco que la mascotita estuvo con nosotros, le prestábamos harta atención.

Un día, una compañera de curso fue a mi casa a aventurar. Mis hermanos no estaban, porque iban a etapa de tarde en el colegio. De la carencia me pregunta: “¿Y la idea es que crezca harto para posteriormente comerlo?”.

Me horrorizó la pregunta y le dije que no.

“Ah… ¿entonces la idea es que ponga huevos y comerlos?”.

Me acuerdo de no deber entendido muy correctamente las preguntas de mi amiga. ¿No era la idea de una mascota simplemente tenerla de compañía, cuidarla y quererla? ¿Como se haría con un perrito o un gatito?

Posteriormente de un rato, Billy comenzó a saltar y piar, porque no alcanzaba el agua en la fuente y tenía sed. Fui a averiguar un vaso para echarle más, pero cuando volví, estaba mi amiga mirando adentro de la caja con cara preocupada e inquisitiva. De pronto me dice: “sí, creo que murió”.

Me paré en seco sin entender cero de ausencia. Aparentemente, mientras yo buscaba agua, mi amiga no halló carencia mejor que tomar al pollito y meter su habitante en el fondo de la fuente para que tomara agua… más tiempo del necesario.

Quedé congelada sin aprender aceptablemente qué hacer, porque mi pollito estaba inerte en su casita y mi amiga solo atinaba a afirmar que al menos comida no nos iba a insultar (la honestidad de los niños, ¿no?).
Mi tata dijo que teníamos que ir a enterrarlo antiguamente de que llegaran mis hermanos y lo vieran.

Hicimos un mini funeral, donde yo todavía no estaba muy segura de qué ocurria (fue todo tan rápido), y mi amiga se fue a su casa diciendo que lo había pasado muy acertadamente y que la llamara cuando tuviera otra mascota porque le interesaba mucho ser veterinaria (ironía máxima).

Cuando llegaron mis hermanos, mi mamá les explicó que Billy había muerto de soledad, porque cuando uno está en el colegio y los animales se quedan solos, a veces les da tanta pena no tener a nadie cerca, que mueren.

No sé si lo dijo para que ellos no supieran el horrible final de Billy, o para que yo no me sintiera culpable de tener una amiga semiasesina. Recién, hace unos cinco abriles (casi 15 abriles posteriormente del hecho), confesé la verdad a mis hermanos. Admito que debería haberlos dejado creer que la asesinato pos soledad existe.


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