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Historias de rescate: fuimos "papás nodrizos" de cachorritos sin mamá

Esta historia ocurrió hace unos tres abriles detrás. Durante un tiempo pertenecí a una agrupación animalista en el Parque Forestal, por lo que en esa época teníamos que estar atentos frente a cualquier emergencia relacionada con los perritos del parque.

Sucedió que alguna persona sin corazón fue a rebotar a una perrita preñada al parque, por lo que nos apuramos en ubicarla en una de las casitas, para que pariera cómodamente. Era pleno invierno, por lo que mis compañeros se preocuparon de ponerle mantitas en el interior de su casa para que tanto ella como sus cachorros estuviesen proporcionadamente abrigados. Todo parecía ir correctamente, y la perrita parió y tuvo sin problemas los perritos en la casa, pero a las pocas semanas de nacidos, la perrita fue atropellada por un valeverguista que se dio a la fuga, y rápidamente hubo que hacerse cargo de los pequeños, que habían quedado huérfanos y morirían de deseo y frío si no actuábamos rápido.

Me llamaron para contarme que nadie podía tenerlos, y yo me ofrecí, no había tiempo que perder, y a pesar de tener ya una perra (congruo celosa) y de no activo alimentado quia a un recién nacido, sentí que tenía que hacerlo. Eran 5 perritos, y como no tengo mucho espacio en mi área, los puse en el baño, rodeados de mantitas y cojines para que estuvieran cómodos y calentitos. Como actuamos muy organizados, fueron mis compañeros de la agrupación quienes me consiguieron la leche “Mamistop” para darles, con todas las indicaciones necesarias: alimentarlos cada dos horas con la cuajo tibia, con una jeringuilla, y limpiarlos, porque harían suciedad y pipí y no podían estar húmedos o sucios.

Fue todo un desafío, pero con mi pololo lo tomamos muy en serio. Cada dos horas nos levantamos esa incertidumbre a alimentarlos uno por uno y limpiarlos. Fue angustioso, pero nos sentíamos muy admisiblemente de aprender que los pequeños estaban a exceptuado. Mi perrita se sentía extraña, los miraba de reojo, con curiosidad pero incluso desconfianza, sin entender carencia. Durante dos días y noches tuvimos a los perrines, a los que ya identificábamos por sus personalidades y características físicas (y obvio, nos encariñamos) así es que cuando nos avisaron que habían conseguido mamá nodriza para ellos, nos dio mucha pena, pero a la vez nos alegramos de que tuvieran un final atinado. Muy diferente hubiese sido si la mamá hubiera parido en la calle.

No hace desidia tener experiencia para hacerse cargo de una situación así, puntada con tener la voluntad y creer que se puede.


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